El tren salta y con él saltan vagones y pasajeros.
La gente se abalanza contra las barras, náufragos azotados por la tormenta. Cien dedos anónimos se entrelazan y las manos avergonzadas no se miran. La marea de curvas prosigue.
Uno resbala, alguien cae, su grito se ahoga en el mar de piernas. Los que aún seguimos vivos nos miramos acobardados.
Algo me roza el pie, no se si un tiburón, no se si un niño.
Advertisement
