Cuando estamos solteros todos somos poetas y decimos “oh, por supuesto, yo abrazaría y besaría al fuego”.
Pero si un día aparece un incendio y nos dice “aquí estoy, he oído que me has estado esperando, pégate a mis llamas” nos echaríamos atrás, negaríamos con la cabeza.
“Lo he pensado mejor. Creo que esta relación me consumiría.”

El fuego es demasiado tentador… hasta que quema.