Regreso tarde a casa y la cabeza de mi mujer no deja de gritarme “¿por qué has tardado tanto?”, así que se la corto de cuajo.
Al día siguiente vuelvo y las dos cabezas de mi mujer me chillan “¿por qué no me has llamado al mediodía para preguntarme que tal estaba?”, así que las corto ambas.
A la hora de la cena no tengo hambre y aparto el plato de lentejas, y sus cuatro cabezas no paran de rugir “¿estás despreciando mi comida? ¡Contigo no se puede vivir!”, y como estoy harto se las corto todas.
Sin embargo esa noche ocho cabezas me recriminan a cual le he dado el beso de dulces sueños, y después dieciséis cabezas no cejan de roncar.
Por fin, un domingo cualquiera, ciento veintiocho cabezas me escupen ”nos prometiste que hoy iríamos a ver a mi madre”; y saco el cuchillo de siempre y esta vez corto la cabeza correcta, y veo mi cuerpo caer inerme a tus pies que son tan gordos y tan feos.
oh, que bueno!
Es la primera vez que me dices algo bonito, medusa asquerosa ^^
xDDD
¡Al fin lo leo!
Das ist gut
¡Ya era horror!
Se mató porque era de Reikiavik
¡Gracias, oh Dhûmba!
hace mucho no pasaba por acá
y gratamente me doy cuenta que no has cambiado
sigues haciendo excelentes relatos!
Muy amable por la visita, jigret que-no-se-quien-es-aunque-podría-sospecharlo-pero-no.