Un hombre escribe sentado junto a un espejo a su mano derecha. Poco a poco se da cuenta que tras la mano izquierda del reflejo, su otro yo está escribiendo un cuento mejor.
Estira disimuladamente el cuello sobre la hoja ajena para copiar la historia, como un niño en un examen, y se percata de que el reflejo hace lo mismo.
Ambos sonríen avergonzados, se cambian tímidamente las hojas, se estrechan fuertemente la mano, hasta que duele.