Me acerco con mística cautela a las estanterías. La luna recorta mi silueta sobre las blancas carpetas. La sombra de mi mano sostiene la sombra de una espada.
Un golpe, dos golpes, mil golpes. Vuelan mil escamas de papel sin un sonido.
Pero no ha terminado: del cadáver de un dossier, dos se levantan. Donde había docenas de archivadores, ahora hay centenares.
El Archivo, como una hidra, multiplica su poder.
Algo tira de mi en la oscuridad, me arrastra hacie el mueble, me engulle, me clasifica. Tendría que haber usado fuego…
Qué bueno el texto. Escribes bien.